Salud y ejercicio

¿Estamos hechos para movernos?

Lo que la actividad física puede decirnos sobre nuestra salud

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Durante gran parte de la historia de la humanidad, moverse no era una elección. Caminar para trasladarse, buscar alimentos, trabajar, cocinar, limpiar, transportar objetos o simplemente desplazarse formaba parte de la vida cotidiana. La actividad física no necesitaba ser programada porque estaba integrada en prácticamente todas las actividades diarias.

Hoy la situación es muy diferente. Las máquinas, los medios de transporte, la tecnología y los cambios en las formas de trabajo y ocio han reducido considerablemente la cantidad de movimiento que necesitamos realizar para desenvolvernos en la vida cotidiana.

Esto plantea una pregunta interesante: ¿nuestro organismo está preparado para vivir con tan poco movimiento?

El movimiento como parte de nuestra historia

Gurven y colaboradores (2013) estudiaron los niveles de actividad física de pueblos tradicionales de la Amazonia y observaron que su estilo de vida, caracterizado por niveles de actividad física significativamente mayores que los habituales en sociedades modernas, se asociaba con un perfil diferente de salud metabólica y cardiovascular. Estos datos permiten pensar la actividad física desde una perspectiva diferente. No se trata solamente de preguntarnos cuánto ejercicio necesitamos realizar por semana. También deberíamos considerar cuánto movimiento hemos eliminado de nuestra vida cotidiana.

Durante miles de años, la actividad física estuvo vinculada a la supervivencia. En las sociedades actuales, en cambio, gran parte de las tareas que antes requerían movimiento pueden realizarse con un esfuerzo físico mínimo. Ya no necesitamos caminar para trasladarnos grandes distancias. Las máquinas reducen el esfuerzo necesario para limpiar o cocinar. Muchos trabajos implican permanecer durante horas sentados y el entretenimiento también puede desarrollarse prácticamente sin movernos.

El resultado es una transformación profunda del entorno en el que vivimos. Y nuestro organismo debe adaptarse a ella.

Más actividad física, más años de vida

Incrementar los niveles de actividad física diaria puede contribuir no solamente a mejorar la salud, sino también a aumentar la esperanza y la calidad de vida (Garatachea et al., 2015).

El problema es que, mientras conocemos cada vez mejor sus beneficios, los niveles de actividad física disminuyen progresivamente en diferentes poblaciones. La paradoja es evidente: tenemos más herramientas que nunca para ahorrar esfuerzo y, al mismo tiempo, necesitamos preocuparnos cada vez más por generar movimiento de manera intencional.

La actividad física dejó de ser una consecuencia inevitable de nuestra forma de vida para convertirse, muchas veces, en una conducta que debemos planificar. Por eso hoy no alcanza con preguntarnos si hacemos ejercicio. También deberíamos preguntarnos: ¿Cuánto nos movemos durante todo el día?

Más pasos, menor riesgo de mortalidad

Si pensamos en actividad física cotidiana, existe una variable particularmente sencilla de comprender: los pasos que realizamos cada día.

Caminar es una de las formas más básicas de movimiento humano. No requiere equipamiento sofisticado y puede incorporarse fácilmente a numerosas actividades cotidianas. Pero ¿más pasos realmente se relacionan con una mayor longevidad?

Jayedi y colaboradores (2021) realizaron una revisión y metaanálisis de estudios prospectivos de cohorte para analizar la relación entre la cantidad de pasos diarios y el riesgo de mortalidad. Los resultados incluyeron más de 175.000 personas y más de 2.300 casos de mortalidad por todas las causas.

Los análisis mostraron una fuerte asociación inversa entre ambas variables: a medida que aumentaba la cantidad de pasos diarios, disminuía el riesgo de mortalidad, con una relación que se observó desde aproximadamente 2.700 hasta 17.000 pasos diarios.

La conclusión no debería interpretarse como que todas las personas necesitan alcanzar 17.000 pasos cada día. La idea más importante es otra: pasar de muy poco movimiento a una mayor cantidad de movimiento cotidiano puede estar relacionado con importantes beneficios para la salud.

Esto también permite cuestionar una idea frecuente: que si no tenemos tiempo para realizar una sesión completa de ejercicio, entonces no vale la pena movernos.

Caminar más, utilizar escaleras, desplazarnos a pie, realizar tareas domésticas o incorporar pequeños períodos de movimiento durante el día pueden contribuir a aumentar nuestro nivel de actividad física.

Cada movimiento cuenta.

Referencias

Garatachea, N., Pareja-Galeano, H., Sanchis-Gomar, F., Santos-Lozano, A., Fiuza-Luces, C., Morán, M., et al. (2015). Exercise attenuates the major hallmarks of aging. Rejuvenation Research, 18(1), 57–89.

Gurven, M., Jaeggi, A. V., Kaplan, H., & Cummings, D. (2013). Physical activity and modernization among Bolivian Amerindians. PLoS ONE, 8(1), e55679.

Jayedi, A., Gohari, A., & Shab-Bidar, S. (2021). Daily Step Count and All-Cause Mortality: A Dose–Response Meta-analysis of Prospective Cohort Studies. Sports Medicine, 1–11.

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